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Áreas verdes, saludables para el cuerpo y la mente

Publicado por en 26 abril, 2016
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El estudio, realizado con 2.600 escolares de entre 7 y 10 años, constata que la exposición a un menor grado de contaminación dentro y en los alrededor de las escuelas mejora el desarrollo cerebral de los menores.

Sabíamos que los espacios verdes son más saludables que los urbanos pero ahora también sabemos que tienen un efecto directo sobre el desarrollo cognitivo de los escolares, especialmente sobre su memoria y su capacidad de atención.

Al menos esta es la principal conclusión de un estudio realizado por investigadores españoles y publicado hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El estudio, realizado con 2.600 escolares de entre 7 y 10 años, constata que la exposición a un menor grado de contaminación dentro y en los alrededor de las escuelas mejora el desarrollo cerebral de los menores.

«La investigación, dirigida por el investigador del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) Jordi Sunyer, y en la que han colaborado investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pretendía determinar hasta qué punto las partículas ultrafinas del tráfico rodado influyen en el desarrollo congnitivo de los niños.»

Para demostrarlo, analizaron la cantidad y composición de la contaminación en las aulas y patios de 39 centros escolares de Barcelona (36) y Sant Cugat (3).

“Sabemos que la contaminación ambiental tiene consecuencias directas sobre la salud como las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, porque algunas partículas son tan finas que no pueden ser filtradas por el pulmón y entran en el torrente sanguíneo y, desde ahí, llegan a los órganos como el cerebro”, explica a Efe el investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC y coautor del estudio, Xavier Querol.

Existe también la hipótesis de que otras son incluso tan pequeñas que “franquean la membrana olfativa y llegan directamente al cerebro sin pasar si quiera por el torrente sanguíneo“, advierte.

Durante el trabajo, los investigadores midieron la concentración de partículas ultrafinas (menores a 0,1 micras) y de partículas finas (inferiores a 2,5 micras) y calcularon los niveles de carbono negro y los óxidos de nitrógeno (prácticamente atribuido al diesel en zonas urbanas).

Dentro y fuera de las aulas, recogieron muestras de los componentes del aire (antimonio y cobre emitido por los frenos, carbono negro procedente de los tubos de escape, etc) y, con ello, determinaron el grado de contaminación atmosférica producida por los vehículos en cada colegio.

«Con estos datos, confeccionaron ‘mapas de contaminantes’ que se relacionaron con la proporción ‘verde’ de cada área escolar (el % de área arbolada), obtenida mediante análisis de imágenes de satélite.»

Un estudio anterior publicado este año por el mismo equipo en PLOS Medicine ya había demostrado que estos niños contestaban a los test y las pruebas “con más rapidez y menos errores, y su desarrollo cognitivo era un 7 % superior al de los niños de las escuelas con más contaminación”, destaca Querol.

El estudio publicado hoy concluye que cuanto mayor es la proporción de zona verde en y alrededor de la escuela, mejor es el desarrollo cerebral del niño, algo que está directamente relacionado con el grado de contaminación del centro.

“La moraleja es que el verde ayuda: porque resta espacio al cemento y aumenta los espacios de juego -un escenario que desarrolla mejor al niño- pero también porque estar cerca del tráfico es como vivir cerca de una chimenea y de sus efectos negativos“, concluye.

Este trabajo demuestra además que las administraciones deberían tener en cuenta la calidad del aire de las distintas zonas antes de escoger la ubicación de colegios, centros de atención primaria, hospitales, geriátricos, etc”, sostiene el investigador catalán.

Fuente: http://www.efeverde.com

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